DEPRESIÓN: UN ENEMIGO QUE TE COME VIVO
- EMILIANO ROJAS

- 2 abr 2022
- 6 Min. de lectura
¿Alguna vez te has preguntado cómo es la perspectiva de la vida de una persona con depresión?

Muchas veces cuando una persona manifiesta padecer de depresión, su entorno intenta minimizar su situación y usamos expresiones como “no estés triste”, “la vida es muy bonita”, “tienes muchas personas que te quieren”, “lo tienes todo para ser feliz”, “ya se te pasará”, “seguro mañana estarás mejor” y muchas más (cabe aclarar también, que en muchas ocasiones se usa de manera irresponsable el termino depresión partiendo del desconocimiento y las modas). Lo cierto es que como sociedad no estamos educados para enfrentarnos ante este tipo de situaciones y comprenderlas; por otro lado, las personas que la padecen sienten miedo a ser juzgados y deciden creer en lo que los demás les dicen o fingen que lo creen para continuar con la vida.
Mientras todos deciden continuar con la vida, esta persona solo hace parte de la corriente, pero cada día se desconecta más, cada día es mas inerte, aunque pueda esbozar la más bellas de las sonrisas. Este es otro gran mito que tenemos sobre la depresión, pensamos que la persona que esta deprimida debe lucir triste y apagada; muchas veces no es así, la depresión se oculta a la vista, utiliza los más convincentes disfraces y las más cálidas sonrisas; aunque eso solo sea una fachada y por dentro ya no queda nada.
La empatía es lo que nos mantiene unidos como criaturas sociales, evidentemente cada proceso es diferente y nunca sabrás como lo vive, siente y experimenta el otro, por esto debemos afinar nuestra sensibilidad social para ser puntos de apoyo y no parte de la corriente que arrastra al otro.
La depresión no es estar tristes, ni tampoco lucir así (claramente hay casos que son más visibles a simple vista), pero hay situaciones que ocurren en el interior que no se alcanzan a imaginar. Para que nos hagamos una idea de lo que sucede adentro, imagina a una persona que ha tocado fondo y aún así sigue escarbando en ese pozo oscuro que ha creado sin tener la más mínima idea de lo que busca; empiezas a perder el sentido de la vida, desaparece el interés en las cosas que antes te emocionaban, tu carácter puede llegar a ensombrecerse; las metas y los sueños ya no te generan emoción o simplemente ya no los sientes, porque es como si una parte de ti se ha desconectado completamente o ha muerto.
Mientras esto sucede, estas sintiendo lo que ocurre en tu interior y no encuentras una explicación, eres dinamitado por los miedos, la incertidumbre y la intranquilidad; de una u otra manera te conviertes en tu propia prisionera y aunque quisieras correr o huir, ¿Como huyes de ti mismo? Si a cualquier lugar donde vayas eso te va a acompañar; lo único que puedes hacer es crear barreras de contención con el exterior como mecanismo de defensa, cayendo en una trampa sutil pero efectiva, porque rompes los lazos con el mundo exterior, tus posibles redes de apoyo y te quedas a solas con ese monstruo que se alimenta de ti.
Si, así es, puedes sentir como eso destruye todo dentro ti, sientes como se alimenta y se fortalece de tus miedos, básicamente te esta comiendo en vida y te invita a que lo presencies, que puedas observar como te consume y para ese momento ya estas atado, debilitado y en la más profunda incertidumbre, no te puedes defender, tu vulnerabilidad es total que empiezas a encontrar “consuelo” en los ataques de eso. Es espantoso ver como tu alma, espíritu o esencia se desintegran y te quedas vacío, en la penumbra y en el carrusel de la confusión, porque no te explicas cómo tu mente puede llevarte a esos extremos, si es una parte de ti. Bueno, lo cierto es que te lleva a esos puntos, en los que te sientes como un zombi, una criatura que tiene un cuerpo y respira, pero que ya no tiene nada más, una persona para la que la vida ha dejado de ser un regalo como siempre nos dicen y se convierte en un infierno, porque ¿Cuál es la motivación de mantener con vida un cuerpo que ya no siente y no se emociona?, cada respiro se convierte entonces, en un castigo, en un lastre que tienes que arrastrar; pero tienes un consuelo; ese monstruo que vive en ti aún puede seguir consumiéndote, viviendo de tu energía, ya eres su prisionero, y aunque no tienes interés de vivir, lo sigues haciendo porque crees que mereces el castigo.
En este punto muchas personas se encuentran tan confundidas que ven el suicidio una esperanza vacía, una oportunidad de huir y de detener el sufrimiento (no sabremos si ese sufrimiento se detiene, pero lo cierto es que eso ya te ganó y te dejó sin oportunidades); otros deciden seguir a pesar de no tener un rumbo, actuar conforme la corriente, ponerse las mascaras de la vida sin ninguna aspiración o emoción, ¿Se imaginan como se debe sentir eso?
No puedes huir a algo que te conoce, que habita dentro de ti y que sabe en qué momento atacar para debilitarte; que además es cruel porque te regala pequeñas “islas de euforia” en las que parece que todo mejorará, pero solo es una estrategia para tomar tu energía y refundirte en ese oscuro pozo aún más. En el fondo sientes que hay una parte dentro de ti que guarda tu esencia, pero no sabes como reconectarla, olvidaste el modo y no te encuentras a ti mismo dentro de todo el fango.
Las barreras que has creado como mecanismo de defensa te aíslan cada vez más del mundo exterior y te aprisionan dentro, irónico, ¿no? Lo que pensaste que te protegería te condena aún más. Así que decides no pedir ayuda por miedo, vergüenza, porque piensas que es un signo de debilidad, en una sociedad que nos ha orientado a resolver nuestros problemas en el silencio y que condena la demostración de debilidad. Por ello, es tan importante que nos eduquemos para reconocer en nosotros mismos cuando esto ocurra o identificar en los demás signos de alarma, para que nos convirtamos en puntos de apoyo y no en partes de la corriente.
Llegados a este punto, ya no tienes nada más que perder, admite que estas quebrado, no hay vergüenza en ello, no hay vergüenza en levantar la mano y así sea con un grito ahogado pedir ayuda porque ya no puedes solo, eso te esta superando y estas perdiendo la batalla. No temas a pedir ayuda, es la decisión más valiente que puedes tomar, es el regalo de fortaleza que necesitas para seguir y conectar contigo nuevamente, si ya estas desconectado en cierta parte, la vergüenza sería algo que no te debe preocupar. Admite que te rompiste, muestra tus heridas y reconoce el daño causado, nadie puede juzgarte porque solo tu sabes lo que es estar en esa posición; permítete sanar y busca la ayuda profesional para que te guíe en el camino, este no será un jardín de rosas y tendrás que enfrentarte a ese pozo de cavaste, pero recuerda que ya no se puede destruir algo que ya fue destruido; solo te queda construir nuevas cosas y experiencias, es tu proceso, lo haces a tu ritmo y con tus condiciones. No pienses que lo olvidarás, tu vida ya cambió y esa marca vivirá dentro de ti, pero no te aflijas por eso, solo concéntrate en tener las mejores herramientas para saber manejarlo, para hacerte más fuerte ante la adversidad, aprende de tu experiencia y si puedes inspira y sensibiliza a otros.
Oscar Wilde decía que “todos llevamos dentro el cielo y el infierno”, y efectivamente tenía toda la razón. El punto es que no sabemos cuál de los dos esta ganando terreno en cada persona, por eso debemos estar atentos a los demás y por sobre todas las cosas autoanalizarnos y conocernos a nosotros mismos; recuerda que la empatía no es solo con los demás o hacia el exterior, también se debe desarrollar dentro ti y para ti.
Espero de corazón que la próxima vez que alguien te diga que se siente depresivo, no busques las frases de cajón que mencionamos al inicio, recuerda que para que esa persona llegue al punto de decírtelo es porque ya ha librado una batalla en su interior, lo que quiere decir, que le costó mucho para llegar a ese punto, pero piensa que tu puedes ser un apoyo. Tal vez en ese momento pienses que no tienes las herramientas o conocimientos para “ayudar”, pero tienes la lucidez que esta otra persona necesita para encontrar el camino y eso sí que es de gran ayuda.



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